Notas explicativas - Capítulo vii

i - ii - iii - iv - v - vi - vii - viii - apéndice

“Se llevaron el disfraz para vestir al Signor Massimiliano Miler…”


Massimiliano Miler era un cantante bajo-barítono. Protagonizó el rol de Montezuma en la producción de Vivaldi.




“… se confundió con el de los presurosos martillazos de los tramoyistas del Sant´Angelo…”


El Teatro Sant'Angelo funcionó cerca del puente de Rialto entre 1677 y 1804 y en él se presentaron los estrenos de los mejores compositores, incluidas numerosas óperas de Vivaldi. En el mismo lugar se encuentra hoy un magnífico hotel: Hotel NH Collection Palazzo Barocci.




“… acababan de colocar la gran decoración del primer acto.”


Antonio Mauro (1669-1751) fue el responsable del diseño y la elaboración de la decoración. Mauro obtuvo una gran reputación en Venecia y, entre otros, colaboró con Vivaldi en no menos de siete óperas entre 1726 y 1734. Incluso fueron socios comerciales en la producción, pero su sociedad concluyó en una amarga disputa. La coreografía y el posicionamiento de los extras fueron dirigidos por Giovanni Gallo.




“Es Anna Giró, la querida del Fraile Antonio.”


Anna Girò o Giraud es un personaje histórico verdadero y muy significativo en la vida de Vivaldi. Este es el nombre artístico de la contralto Anna Maddalena Tessieri, que interpretó numerosos papeles protagónicos en sus óperas. Vivaldi diseñaba los papeles para ella, haciendo valer sus habilidades (especialmente la naturaleza dramática de su poderosa voz), y ocultando en lo posible sus punto débiles (especialmente respecto a las secciones de coloratura). Durante largos períodos ella vivió en casa de Vivaldi. Sus relaciones personales (así como las de Vivaldi con Paulina, la hermana de Anna) eran referidas constantemente en las cartas de los viajeros a Venecia (confiriéndole el apodo de Annina del prete rosso), e incluso en los Tribunales de la Inquisición de la ciudad. Ella encarnó el personaje (inventado) de Mitrena, la esposa de Montezuma en la ópera.




““Historia de la Conquista de México” de Mosén Antonio de Solís”


Antonio de Solís y Rivadeneyra (1610-1686) escribió una crónica que desempeñó un papel muy importante en la perpetuación de la historia de la conquista de Tenochtitlán: Historia de la conquista de México, población y progresos de la América septentrional, conocida con el nombre de Nueva España. Nueva España es el nombre que los conquistadores dieron a la región de México de hoy, ampliamente aceptado durante siglos. El libro de Solís apareció en España en 1684, fue traducido al italiano en Florencia en 1699. Luego fue impreso en tres ediciones más en Venecia (1704, 1715, 1733). El libro sirvió como fuente principal de inspiración para Giusti en la construcción de la trama de la ópera Motezuma; aunque, por supuesto, agregó y cambió los personajes y los acontecimientos según era necesario y de acuerdo a su imaginación creativa, siguiendo las convenciones aceptadas dentro del género de Ópera seria de Venecia.




“Pero Teutile es un hombre y no una mujer.”


Giuseppa Pircher fue una soprano destacada en los escenarios de Venecia. Era conocida también como la tedesca (“la alemana” en italiano). Desempeñó el papel de Teutile (una figura inventada por Giusti). El príncipe Felipe de Darmstadt (Philipp von Hessen-Darmstadt, 1671-1763) fue gobernador de Mantua de 1714 a 1735. Su gran amor por la música era ampliamente reconocido. Impulsó las carreras de músicos prometedores y especialmente de cantantes femeninas. De 1720 a 1723 nombró a Vivaldi director musical en su corte (Maestro di Cappella da Camera).




“…nos canta ahora la Signora Angiola Zanuchi...”


Angiola Zanuchi fue una cantante mesosoprano. Desempeñó el papel de Ramiro (el hermano de Cortés, una figura masculina, inventada por Giusti). La figura de Cortés aparecía como Fernando (“El conquistador español”), papel que fue compuesto para un cantante castrato e interpretado por Francesco Bilanzoni.




“… resulta sorprendentemente parecido al de Rialto…”


La imagen de la ciudad de Tenochtitlán como gemela americana de la ciudad de Venecia estimuló la imaginación de muchos en Europa, especialmente historiadores y cartógrafos venecianos, desde que las cartas de Cortés aparecieron impresas en 1524. Venecia, la ciudad de los canales, y Tenochtitlán, construida completamente dentro de un lago, surgieron también en la imaginación literaria de algunos escritores españoles áureos en el siglo XVI, como ciudades con una profunda conexión mística. Un ejemplo notable se encuentra en los escritos de Cervantes quien, en uno de sus menos conocidos relatos, El Licenciado Vidriera, describió en 1613 esta conexión con estas palabras: Desde allí, embarcándose en Ancona, fue a Venecia, ciudad que, a no haber nacido Colón en el mundo, no tuviera en él semejante: merced al cielo y al gran Hernando Cortés, que conquistó la gran Méjico, para que la gran Venecia tuviese en alguna manera quien se le opusiese. Estas dos famosas ciudades se parecen en las calles, que son todas de agua: la de Europa, admiración del mundo antiguo; la de América, espanto del mundo nuevo. Sin duda, esta imagen la tenían en mente Vivaldi y Giusti cuando decidieron componer una ópera basada en la historia de la conquista.




" ... a quien jamás mencionaron Bernal Díaz del Castillo ni Antonio de Solís en sus crónicas famosas."


Bernal Díaz del Castillo (1495-1584) fue soldado en el ejército de Cortés. Escribió la primera crónica, después de las cartas del propio Cortés, a partir de la cual se conoció la historia de la ocupación de Tenochtitlán. Su ensayo se títula “ Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”.




“Tiene mucho de Licenciado Cabra” —dice el indiano, recordando el célebre dómine de la novela que ha corrido por toda América.—“Licenciado “Cabro”, diría yo...””


“El licenciado Cabra” es una figura burlona tomada del libro El Buscón, escrito alrededor de 1604 por Francisco de Quevedo (1580-1645). Quevedo fue uno de los escritores más importantes de la época barroca española. Su libro gozó de gran popularidad en su época. “El licenciado Cabra” es un maestro de latín, malvado y miserable, descrito en la narración de forma particularmente grotesca. Con el juego entre cabra y cabro al parecer Filomeno alude a “las redondas caderas y el sonrosado escote de Anna Giró”, a la vida de libertinaje que a veces se le atribuye a Vivaldi.




“…evocador de la Reina Atossa de Esquilo …”


Attosa era la madre del rey Jerjes y una figura central en la tragedia de Esquilo Los persas.




“… y que, al fin, por Cozumel, en trueno de cañones…”


La campaña de conquista de Cortés comenzó el 21 de febrero de 1519 en la isla de Cozumel, actualmente un destino turístico bastante popular. Se encuentra cerca de Playa del Carmen, en la península de Yucatán.




“… las hacen los tramoyistas venecianos…”


Los tramoyistas de las óperas venecianas eran insistentemente alabados en las crónicas de los viajeros. Operaban máquinas especiales, realizaban acrobacias sorprendentes e intercambios rápidos de la decoración. Carpentier pudo haber leído sobre ellos, entre otros, en el diario de viajes de Edward Wright, un viajero inglés que visitó Venecia en 1720 y los describió en su libro, Some Observations Made in Travelling through France, Italy etc. in the Years 1720, 1721 and 1722, con estas palabras: "Son expertos en el manejo de las máquinas en el escenario de la ópera. En una de ellas, Nerón el emperador presenta una obra romana a Tiridates, rey de Armenia, y él mismo participa. El Emperador aparece junto con la Emperatriz en un carruaje tirado por un elefante. La cabeza, el cuerpo y los ojos de la criatura gigante se mueven como si fuera un animal real y Tiridates parece creerlo. Cuando, de repente, el Emperador y la Emperatriz descienden y se sientan en sillas, el Carruaje de la Victoria se convierte en un anfiteatro que se llena de espectadores. El elefante se rompe en pedazos y de sus entrañas emerge un enorme grupo de gladiadores, armados con escudos de batalla hechos de partes de elefante, que parecen haberse convertido en un batallón de luchadores armados, en medio de una ofensiva, siempre al ritmo de la música."




"... los diablos inventados por el pintor Bosco, cuyos cuadros eran tan gustados por el Rey Felipe II, y que aún se conservan sobre los siniestros pudrideros de El Escorial."


Este es otro apunte erudito y divertido de Carpentier. El pintor holandés Hieronymus Bosch (1450-1516), conocido en español como El Bosco, fue uno de los artistas más apreciados por el rey Felipe II, reconocido amante del arte e incansable coleccionista. El monasterio real que construyó entre 1563 y 1584 cerca de Madrid, San Lorenzo de El Escorial, se hizo famoso, entre otras cosas, tanto por su rica biblioteca como por su espectacular colección de pinturas de los mejores artistas europeos, entre las cuales se recopilaron obras del Bosco. Una gran parte de estos cuadros fueron transferidos al Museo del Prado en Madrid en 1893 y el resto en 1933. Los amantes del arte en todo el mundo están familiarizados con estas obras, en el contexto de este recinto donde se encuentran actualmente. Muy conocido, por ejemplo, es el tríptico de 1503-04, El Jardín de las Delicias. Sin embargo, como escribe Carpentier, en el momento en que se desarrolla la trama de la novela muchas de las pinturas importantes del Bosco todavía se conservaban en los oscuros sótanos de El Escorial.




“Uchilibos”


No tenemos evidencia directa de las decoraciones que Antonio Mauro diseñó. Basado en las descripciones de la introducción al libreto de Giusti y en base a la rica cultura visual de Venecia, que conocía muy bien, Carpentier imaginó el escenario desplegado en la producción veneciana en 1733. El paralelo imaginario que muchos entonces trazaron entre Venecia y Tenochtitlán fue representado en pinturas e ilustraciones para libros. La laguna de México, el puente de arcada y la plaza central de México, que Carpentier describe como telón de fondo de la ópera, recuerdan, en primer lugar, a la propia Venecia. Algunas de las formulaciones de Giusti, incluido el uso del término Huichilobos, que es, como se evidencia más tarde, una distorsión del nombre del dios azteca Huitzilopochtli, revela el origen de su imaginario: un famoso grabado bastante popular en el período y que apareció en un libro de 1569, De Disegni delle piu illustri città, et fortezze del Mondo de Giulio Ballino. Imágenes adicionales fueron tomadas de los grabados que adornaban la versión veneciana del libro de Solís sobre la conquista de México, producidos por un artista local conocido como Alessandro della Via (1660-1729).




“…el triunfo de la Verdadera Religión y las dichas del Himeneo.”


En la mitología griega, Himeneo era el dios encargado de las ceremonias de matrimonio. La palabra himeneos también indica el género de poesía lírica griega que se cantaba durante la procesión de la novia hacia la casa del novio.




“Marcha, epitalamio y danza general…”


Siguiendo el himeneo, el epitalamio era un poema escrito especialmente para la novia en su camino a la habitación nupcial.




“da capo”, y otro “da capo”, y otro “da capo”, hasta que se cierra el terciopelo encarnado sobre el furor del indiano.


Según las convenciones de la Ópera seria en Venecia, el desenlace siempre incluía un final feliz (lieto fine), con dos escenas de canto coral (la primera: un himno al valiente guerrero; la segunda: un himno a Himeneo), después de que todas las situaciones embarazosas y los mal entendidos que se tramaron durante los tres actos se hubieran resuelto de forma satisfactoria para todos los involucrados.




“… que “dos o tres hijas” de Montezuma se casaron con españoles.”


Se trata de una afirmación histórica basada en evidencia que se conoce gracias a las fuentes y crónicas del período. Una de las hijas de Montezuma, Tecuchipo Ixtlaxóchitl (1510-1550), fue bautizada y recibió el nombre de Isabel Moctezuma. Se casó, uno después de otro, con tres hombres españoles e incluso tuvo una hija fuera del matrimonio con Cortés.




“… Xicalango, Tlaxcala, Magiscatzin, Qualpopoca, Xicotencatl...”


Todos estos son auténticos nombres de dioses aztecas que menciona Solís en sus crónicas.




“¿Y qué se hizo de Guatimozín?”


Guatimozín es uno de los nombres de Cuauhtémoc. A pesar de su importancia en los acontecimientos históricos, no se le incluyó en la trama de la ópera. Según las crónicas, unos años antes de su cruel muerte a manos de los españoles, Cuauhtémoc se casó con Tecuchipo, la hija de Montezuma.




“… la india esa hubiese debido hacer lo de Judith con Holofernes.”


Vivaldi compuso en 1716 una de sus más importantes obras litúrgicas, J udith triunfa sobre la barbarie de Holofernes (Juditha triumphans devicta Holofernis barbarie), a pedido de las autoridades de Venecia, para conmemorar la victoria sobre los turcos y el reintegro de la isla de Corfú a la República de Venecia ese año. En un sofisticado juego de tiempos y erudición creativa, Carpentier vincula en la novela el famosa oratorio de Vivaldi, la narración histórica Judith y la forma de representación de La Malinche en la ópera mexicana de Vivaldi.




“… el famoso Monsieur Voltaire estrenó en París, hace poco, una tragedia donde se asiste a un idilio entre un Orosmán y una Zaira ...”


Se trata de la obra de Voltaire (Zaïre), publicada en 1723. El gran interés de Carpentier en la cultura europea del siglo XVIII se centró no sólo en el arte barroco tardío y rococó en todas sus manifestaciones, sino también, y quizás más aún, en el pensamiento de la Ilustración, especialmente en los movimientos intelectuales y sociales que se dieron en esa época en Francia, que ellos denominaron El Siglo de las Luces (Le siècle des lumières). No en vano Carpentier eligió este nombre como título para uno de sus libros más importantes, escrito durante sus últimos años en Venezuela, entre 1956 y 1958, y publicado en 1962, y cuya trama tiene lugar en las islas del mar Caribe durante la Revolución Francesa. Uno de los intelectuales más destacados de este movimiento fue Rousseau. Los informes que Rousseau escribió sobre sus viajes a Venecia proporcionaron a Carpentier información importante para la escritura de la novela. Otro pensador destacado del Siglo de las Luces francés cuya obra resuena a lo largo de Concierto Barroco es Voltaire (François-Marie Arouet, Voltaire; 1694- 1778), y en particular su libro más famoso, Cándido o El optimismo, que resuena durante toda la novela de Carpentier. En el centro de la trama de Cándido nos encontramos con un alemán que escapa de Europa asolada por inquisidores fanáticos y guerras sin sentido, para llegar al mítico El Dorado en América Central. Allí se enriquece rápidamente y decide regresar a Europa, a la ciudad de los placeres, Venecia. La experiencia del Amo en la novela de Carpentier es, en última instancia, una experiencia de amarga decepción y extrañeza para con la cultura europea, junto con una comprensión renovada de su propia identidad, ya no europea, pero aún no lo suficientemente formada como una identidad local americana. Cándido también declara, al regresar a Europa después de un viaje de unos meses en el continente americano: “¡Ah, más valía haberme quedado en el paraíso de Eldorado que regresar a esta maldita Europa!” (De la traducción al español de María Teresa León: Cándido o El optimismo, Muchnik Editores, Barcelona, 1995, p. 145). Al igual que el Amo de Carpentier que al llegar a la Habana contrata a un sirviente local, Filomeno, también Cándido conoce a Cacambo en Argentina, un mestizo de sangre española y nativa. Hay paralelismos evidentes entre las parejas Cándido-Cacambo, Quijote-Sancho, y Amo-Filomeno, en particular en lo que concierne a la fieldad y al sentido de la realidad de los servidores frente al mundo de fantasía en que viven sus señores. También hay paralelismos evidentes entre los dos viajes a Venecia, el de Cándido y el del Amo de Carpentier, especialmente respecto al Carnaval y la Ópera veneciana. Por ejemplo, Cándido conoce en Venecia un nuevo amigo italiano, Pococurante (es decir, “el que poco se preocupa”), un hombre rico que no consigue disfrutar de sus impresionantes posesiones, tanto materiales como artísticas, y cuya reacción a la ópera local nos recuerda mucho aquella del indiano frente a la ópera de Vivaldi: Tal vez me gustaría más la ópera, si no hubiesen encontrado el secreto de hacer de ella un monstruo que me asquea. Que vaya quien quiera ver esas malas tragedias con música en que las escenas están concebidas sólo para llegar, sin venir al caso, a dos o tres canciones ridículas que hace valer la garganta de una actriz. Que se desmaye de placer quien quiera o quien pueda, viendo a un castrado canturrear el papel de César o de Catón y pasearse empachado por las tablas; (Cándido, p. 155) Más tarde, Cándido, Cacambo y otro amigo más, Martín, se encuentran durante el carnaval con seis reyes que han perdido su reino. Los seis son personajes históricos tomados de diferentes contextos temporales y geográficos, y, de la misma manera que Carpentier en su novela, Cándido no duda en dejar de lado la precisión histórica para reunirlos a todos en un mismo lugar.




“… y Orejones que se nutren de jesuitas...”


Cándido y Cacambo son capturados en Argentina por los miembros de la tribu Orejones, quienes “los habían atado con cuerdas de corteza de árbol”. Las ovejas rojas también aparecen en el libro de Voltaire. Algunas de las imágenes de Carpentier son tomadas directamente del texto de Voltaire (Cándido, p. 86): “Rodeábanles unos cincuenta Orejones todos desnudos, armados de flechas, de mazas y de hachas de piedra; los unos hacían hervir una gran caldera, los otros preparaban los asadores y todos gritaban: ‘¡Es un jesuita, es un jesuita! ¡Nos vengaremos, haremos un banquete; comamos jesuita, comamos jesuita!’”




“Si tanto le gustan las fábulas, ponga música al “Orlando Furioso.””


Vivaldi compuso una ópera llamada Orlando furioso, basada en una obra del poeta Ludovico Ariosto (1474-1533). La ópera se estrenó en 1729 en el teatro de San Ángelo, el mismo donde tendría lugar el estreno de Motezuma en 1733, es decir, cuatro años después (y no seis, como responde Vivaldi al indiano en la novela). Pero, ya en 1714 se había presentado en el mismo teatro otra ópera titulada Orlando furioso; inicialmente se consideró que Vivaldi tan solo adaptó la música, que fue compuesta por Giovanni Alberto Ristori (1692-1753). Sin embargo, investigaciones posteriores atribuyen esta ópera temprana en su totalidad a Vivaldi. Así mismo, también Haendel compuso una ópera llamada Orlando, que se estrenó en 1733. En el siglo XX, esta ópera fue producida por primera vez en 1922 en Halle, Alemania, y posteriormente en 1966, en Birmingham y Londres. Es difícil saber si Carpentier tenía conocimiento de todo esto al escribir la novela.





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