Notas explicativas - Capítulo i

i - ii - iii - iv - v - vi - vii - viii - apéndice

“…cuyo estilo era mixto de pontificio y michoacano…”


Michoacán es una provincia del oeste de México, en la costa pacífica, que actualmente forma parte de las treinta y un entidades federativas. Es una región con numerosas tradiciones únicas, originadas en la época precedente a la conquista española y que en parte se conservan hasta hoy: vestuario, música, arquitectura, gastronomía, ceremonias, creencias y demás. Son especialmente famosos los eventos del Día de Muertos, reconocidos por la Unesco en el 2008 como Patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.




“… con cara de joven Telémaco que tuviese los ojos un poco almendrados.”


En la mitología griega, Telémaco es el hijo de Penélope y Odiseo. Los primeros cuatro cantos de la Odisea de Homero se titulan “Telemaquia” en su nombre.




“Detrás, Fray Bartolomé de Olmedo, de hábito mercedario…”


Bartolomé de Olmedo (? – 1524) fue un fraile mercedario que acompañó a Cortés en su campaña de conquista. Responsable de la cristianización de la mayor parte de los indígenas de México, es también conocido por haber celebrado la primera misa en las tierras allí conquistadas. En muchos casos, el clero resultó ser un factor moderador que reportaba al rey las atrocidades que los conquistadores cometían contra los indígenas, e incluso intervenía para impedir la destrucción de templos. Este fue también el caso de Olmedo, según los registros históricos que poseemos. En este contexto es especialmente célebre el fraile de la orden dominicana Bartolomé de las Casas (1474-1566), quien dedicó su vida a defender los derechos de los indígenas. En 1552 publicó un informe especialmente mordaz, “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”, considerado hasta hoy el registro más punzante del viaje de los conquistadores y su crueldad hacia los habitantes del lugar.




“Todo en óleo muy embetunado, al gusto italiano de muchos años atrás.”


El relato de la conquista de México ha servido de inspiración para numerosas pinturas a lo largo de la historia. Incluso en la época en la que se desarrolla la trama de la novela, tanto pintores españoles como mexicanos a menudo retrataban estos temas. No tuve éxito en encontrar, a pesar de una búsqueda minuciosa, una pintura al óleo real que se ajuste al cuadro que Carpentier describe en esta parte de la novela.




“ ... aparecían tres figuras debidas al pincel de ‘Rosalba pittora’”


Carpentier se refiere a la artista veneciana Rosalba Carriera (1673-1757). La trayectoria de su vida y su gran éxito como pintora, debido a su talento único, son excepcionales y dignos de mención en sí mismos. Su popularidad se debe mayormente a los numerosos retratos que pintó al pastel, una técnica ampliamente apreciada entre los consumidores de arte rococó y entre cuyos pioneros ella se cuenta. Su éxito superó las fronteras de Venecia e incluso alcanzó París, ciudad a la que viajó en 1720. Ya en Venecia había numerosos viajeros que, como parte de su viaje, aseguraban de antemano la oportunidad de que Rosalba pintara su retrato. La pintura que se encuentra en la casa del Amo, atribuida en la novela a Rosalba la pintora (“Rosalba pittora”) y titulada Tres bellas venecianas es, hasta donde pude averiguar, un invento de Carpentier. Cabe sólo preguntarse qué clase de diversión literaria tenía en mente el autor, al colocar precisamente esta pintura imaginaria en la casa del Amo.




“ ... aquellas venecianas no le resultaban ya tan distantes, puesto que muy pronto conocería las cortesanas ... que tanto hubiesen alabado, en sus escritos, algunos viajeros ilustres ”


Las descripciones sobre la Venecia del siglo XVIII que leemos en la novela – la vida libertina, el arte, la arquitectura y la música de la ciudad – las tomó Carpentier de diversos ensayos compuestos en la época como relatos de viaje, un género que disfrutaba en aquel entonces de gran popularidad. También la manera en que las mujeres son representadas a lo largo de la novela refleja directamente las descripciones de aquellos viajeros y sus concepciones. La reputación de las venecianas se había extendido por todas partes y muchos hombres de toda Europa anhelaban participar en la llamada “gran celebración” en torno a ellas. Uno de los libros más notables del género es una avezada síntesis publicada en 1908 por el autor suizo Philippe Monnier (1864-1911), basada en la literatura de los viajeros y sus cartas: Venise au XVIIIe siècle. No cabe duda que Carpentier conocía a fondo el libro y que se basó en su lectura para la construcción del ambiente en el relato. Pero es probable que el libro que Carpentier siguió más de cerca como fuente para su propio texto haya sido el del francés Charles de Brosses (1709-1777), que se menciona explícitamente en una nota que Carpentier agregó al final de la novela. De Brosses era un noble erudito de la ciudad de Dijón, que tuvo importantes contribuciones a la investigación de lenguas antiguas y modernas. Brosses viajó por Italia entre 1739 y 1740, y las cartas que escribió en su recorrido fueron recopiladas en un volumen que obtuvo gran popularidad: Le président de Brosses en Italie : lettres familières écrites d'Italie en 1739 et 1740. Entre los viajeros famosos a Venecia también se encontraba el filósofo francés de la Ilustración, Jean-Jacques Rousseau (1712-1778). En su libro autobiográfico Las confesiones, Rousseau relata sus experiencias en la ciudad entre 1743 y 1744, cuando se desempeñó como asistente del embajador francés.




“…’segrete cose’ cantada por el Dante.”


La referencia es de La divina comedia de Dante (Infierno III, 17-21). Carpentier toma esta cita de las cartas italiana de Charles de Brosses, que menciona estas líneas para excitar la imaginación de quienes planean un viaje a Venecia: E poi che la sua mano alla mia pose con lieto volto, ond'io mi confortai, mi mise dentro alle segrete cose. Y en español (Traducción de Nicolás Besio Moreno): Y tendiendo sus manos cariñosas, me confortó con rostro placentero, y me hizo entrar en las secretas cosas.




“…tomando su vihuela de Paracho, se dio a cantar…”


La vihuela es un instrumento de cuerda común en España desde el siglo XIV. Posteriormente a su introducción en américa se desarrollaron varias versiones locales, una de ellas es la vihuela mexicana, de cinco cuerdas. La montañosa región de Paracho de Verduzco, en el estado de Michoacán en México, es un territorio donde hasta el día de hoy predomina la población indígena y donde se han desarrollado tradiciones musicales únicas a lo largo de los años, así como una sofisticada técnica de fabricación de guitarras e instrumentos de cuerda de todo tipo. La región de Paracho sigue considerándose actualmente capital de fabricación de guitarras en México.




“Y en la vastedad de la casa de tezontle…”


Tezontle es el nombre de una roca volcánica de color oscuro, que se utilizaba corrientemente para la construcción de palacios y casonas en México. Un vistoso ejemplo es el del Palacio de Gobierno de Aguascalientes.




“Esencias de bergamota, mandolina con incrustaciones de nácar … … frontoleras de caballos de tiro que podría agradar a las gentes de acá.”


Todos estos objetos que solicitan como regalo los paisanos del Amo, son mencionados casi palabra por palabra en el libro de Brosses, como recuerdos que él mismo recopiló durante sus viajes por las diversas regiones de Italia.




“…’Bibliotheca Orientalis’ del caldeo Assemino…”


"Assemino" es la transcripción española del nombre Josephus Simonius Assemani o Yūsuf Simʿān al-Simʿānī (1687-1786), un erudito cristiano maronita, nativo de Tripoli, Líbano. Trabajó en la Biblioteca del Vaticano y estuvo a cargo de la recolección y catálogo de los manuscritos relacionados con el cristianismo primitivo, en una variedad de lenguas antiguas del Medio Oriente. Su libro monumental, Bibliotheca Orientalis Clementino Vaticana, publicado entre 1717 y 1728, resume su trabajo de muchos años. En sus " cartas italianas", Brosses da cuenta de Assemino y de su libro.




"... un juego de naipes, de un estilo desconocido aquí, llamado “minchiate” ..."


Esta baraja de naipes, “minchiate”, que no es sino un tipo de tarot, se originó en Florencia en el siglo XVI. Una vez más, Brosses da cuenta de ellas en sus " cartas italianas".




“…el capolino, el turquín, el brecha, parecido a mosaico, y el amarillo sienés, sin olvidar el pentélico jaspeado, el rojo de Numidia, ...”


También esta lista detallada de tipos de mármol italiano aparece en las " cartas italianas" de Brosses.




“…de esos que, por forzudos, alababa Aristófanes!”


Los egipcios eran considerados por los griegos hombres fuertes, idóneos para trabajar como cargueros. Aquí la referencia proviene de las obras de teatro de Aristófanes “Las ranas” (1405-1406) y “Las aves” (1134).




“…piedras celestiales o bálsamos de Fierabrás.”


A todo lo largo de la novela Carpentier menciona sucesos, personajes e ideas tomadas de Don Quijote de Cervantes. En ocasiones cita líneas o párrafos enteros, como veremos más adelante. “El bálsamo de Fierabrás” es una poción mágica que puede curar todas las enfermedades del cuerpo humano. Fierabrás (en francés Fier-à-bras, “de brazo feroz” o también “arrogante”) es un personaje imaginario que aparece en numerosas leyendas heroicas del período carolingio. Se trata de un caballero sarraceno que solía luchar contra el héroe cristiano Rolan, a quien también menciona Carpentier en la novela. Según la leyenda, Fierabrás conquistó Roma junto con su padre, el emir Balán. Allí robaron los restos del aceite de unción con el que fue ungido el cuerpo de cristo. Ese es, según la leyenda, el origen del poder curativo de la poción que preparó Fierabrás. En el capítulo 17 del libro de Cervantes, Don Quijote prepara la poción por sí mismo con ingredientes simples (aceite, vino, sal y romero) y la bebe mientras se acompaña con oraciones. Aunque sufre ataques severos de vómitos y temblores, siente que su cuerpo se ha curado. Sancho, sin embargo, experimenta fuertes efectos laxantes y Don Quijote explica la diferencia en las reacciones de los dos en su condición de noble frente a la gente común como Sancho.




“’A un giro sol di bell´occhi lucenti’...”


Carpentier pone en boca del servidor las letras de dos famosos madrigales del compositor Claudio Monteverdi (1567-1643), quien vivió en Venecia entre 1613 y 1643: " Ah, dolente partita!" (¡Oh, dolorosa despedida!); y " A un giro sol di bell´occhi lucenti" (Por tan sólo una mirada de tus hermosos ojos relucientes). Aunque su nombre no es mencionado explícitamente, el espíritu del compositor Monteverdi está presente en la novela de diversas maneras, como se verá en los próximos comentarios.





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